A brand new world
Hoy ha tenido lugar la ceremonia de investidura de Barack Obama, una figura política que no se ha destacado apenas por ser el primer presidente negro de los Estados Unidos, ni siquiera por igualar la retórica Kennedyana, sino porque es el primer presidente que se convierte en símbolo antes incluso de llegar a presidente y, casi se podría decir, antes de ganar las elecciones. Esta fuerza sirve de revulsivo social en estos tiempos convulsos en los que, ávido de esperanza, el moderno habitante global necesita no sólo de un mesías sino también de un modelo a seguir para el nuevo hombre del futuro.
Nada más lejos de la realidad pues un presidente, por impecable que haya sido su campaña y por más ejemplar que haya sido la transición del gobierno en funciones a su nuevo gobierno, no deja de ser un hombre de carne y hueso por más preparado que sea y más preparados sean los miembros de su equipo, reconocidos prohombres de diversos sectores de la sociedad americana pero simples hombres con una buena preparación al fin y al cabo y a los que no se les puede exigir el don de la infalibilidad.
Mucho se ha hablado sobre la presente crisis financiera, la mayor desde 1.929, y sobre los errores del modelo económico imperante. Se ha dicho que el modelo está al borde del colapso. No obstante todo lo anterior y la gravedad de la crisis, no parece que un modelo que ha sobrevivido a múltiples eventualidades durante miles de años y que se basa sencillamente en dar la misma libertad a los mercados que a los ciudadanos, basado por tanto en la propia naturaleza humana con sus grandezas y sus miserias; vaya ahora a colapsar en cuestión de dos años, nos guste o no. Sin embargo, podemos tener esperanza en la evolución del modelo, descartando cualquier cambio drástico dados los fracasos históricos cosechados en ese sentido.
Dicho todo lo anterior, creo que sólo es razonable tener la esperanza de una lenta pero natural evolución del ser humano y de la sociedad en general, apoyada en ciertos hitos históricos. Hoy puede que haya comenzado uno de esos fenómenos míticos con la Presidencia que ahora se inicia o quizá se trate tan sólo de un falso mito creado por la necesidad. El tiempo lo dirá, pero volviendo al tema del modelo económico y enlazando con la cuestión de la evolución humana, lenta pero imparable desde la noche de los tiempos, lo más probable es que el modelo económico que hoy conocemos y que ha conquistado su punto álgido durante el siglo XX gracias a la tecnología, sea víctima de su propia bienhechora. No podemos olvidar que el progreso económico que trajeron múltiples invenciones implicaba, por ejemplo, un problema de reducción de personal que se ha ido sobrellevando de un modo razonable hasta nuestros días. Buena muestra de ello es la película “Tiempos Modernos” de Chaplin, en la que se hacía una crítica feroz del hombre actual. No obstante, los avances en robótica que poco a poco se van incorporando a nuestras vidas apoyados en la llamada inteligencia artificial, hace que hoy ya veamos robots-aspiradora en nuestras casas o coches que aparcan solos y que en breve podrán realizar determinadas rutas sin intervención del conductor, por no hablar de los aviones, cuyos pilotos automáticos no sólo se pueden utilizar durante el vuelo, sino que ya permiten realizar operaciones de despegue y aterrizaje a pesar de que los pilotos elijan mayoritariamente el sistema manual. Todo parece indicar pues, que en alguno momento se producirá um boom robótico que liberará a las personas no ya de cualquier trabajo pesado, sino de cualquier trabajo en general, siquiera de gestión, lo cual acabará redundando en una mayor eficiencia, en un entorno totalmente informatizado, con una situación de competencia perfecta amparada en la perfección del cálculo computerizado universalizado, donde un cerebro artificial universal no puede ganar a otro igual. ¿Podremos hablar entonces de racionalidad total? Planteo un supuesto en el que las máquinas puedan programar un orden perfecto de nuestras vidas, como en aquella novela de Huxley “Un Mundo Feliz”. ¿Tendrá entonces sentido el dinero en un mundo donde todos seremos desempleados de lujo, con los mismos lujos a nuestro alcance pero con los recursos limitados de un mundo cada vez más pequeño?
Ni siquiera hablo aquí de otras variantes tan influyentes como los avances médicos o la investigación sobre nuevos materiales, por lo que la evolución puede dar un salto de gigante si se superponen todos esos avances. Probablemente sólo asistiremos a parte de estos cambios durante nuestras vidas y es probable que tengan que pasar unas centenas de años todavía para que este proceso se vea completado. Lo que está claro es que la civilización humana evolucionará o colapsará y quizá el día de hoy quede como un día memorable para los anales de la historia. El caso es que depende de todos el conseguirlo con nuestra actitud cotidiana. Es el momento de dar un paso adelante apartando cada día un poco más a esos pequeños hombres mezquinos y arrogantes que hoy controlan nuestras vidas en todos los ordenes y con los que cotidianamente todos nos tropezamos en pro de una nueva generación de hombres y mujeres que no sean mezquinos sino bienintencionados, generosos y no egoístas, humildes en vez de arrogantes y, en definitiva, más humanos sin dejar de ser todo lo dignos y lo suficientemente visionarios como para que les confiemos la dirección de los grandes asuntos que dominan nuestras vidas. Un solo hombre no puede conseguirlo, pero unos cuantos de nosotros podemos cambiar las cosas definitivamente.
Oeiras a 20-01-2009.



